Lectura: Marcos 2:1-12
Es muy general creer a empresarios y profesionales pedirle a Dios que les vaya bien en su faena, en algún programa u en algún asunto delicado de vida. Claro, a la último, ¿quién quiere que le vaya mal?; pero détras de bastidores, uno se búsqueda si atravesado lo que se está pidiendo es loable, licito, agrega valor, si es una iniciativa que perjudica seriamente a otros, si implica explotación laboral, si puede existir hablado públicamente, entre otros asuntos. Algunos quieren actuar las cosas a su manera (muchas veces quebrando códigos bíblicos para la bendición) y aun así le piden a Dios que les bendiga. Otros han consultado a Dios antes de hacer algo e le entregan los resultados. Otros se encomiendan ellos, sus empresas y/u sus profesiones uno Dios en tiempo de incertidumbre. ¿Cuál es tu ocasión? Dios si quiere que lo involucremos en nuestros negocios y le pidamos. Jesús dijo, “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.” (Mateo 7:7). El cosa es saber interrogar. Santiago dice: “Y, cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” (Santiago 4:3) Pedir pertenencia precisa reflexionar que al menos cuente con estas características: que esté libre de egoísmo, que agregue valor a otros, que no rompa expresamente ningún umbral Bíblico para la bendición e que sea para glorificar a Dios. Para reflexionar: Que nuestra frase sea congruente al alinear motivaciones, fundamentos, y propósitos.
Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.