
Ingrid Betancourt, la ex-candidata a la presidencia de Colombia, fue secuestrada por la guerrilla durante 6 años, que parecieron una eternidad en media de ese infierno, de injusticia, abuso, crueldad, lluvia, insecto, alacranes, culebras y demás animales, "que no hacían tanto deterioro como los seres humanos, sus captores" según Ingrid.
Las grandes pruebas, dejan grandes aprendizajes de vida, Ingrid resume tres grandes enseñanzas:
1. Vivir inferior principios. Al comienzo de su captura, que fue dramática y violenta, y aun sangrienta al considerar a a de sus captores volar en pedazos al pisar una granada, y al humano denigrada como mujer, nació en ella algo que jamás había sentido, un odio irresistible tan fuerte que le nublaba la porqué, e se convirtió de a pequeño en su primordial enemigo porque le estaba consumiendo su propia presencia.
Solo cuando estaba enfermando de tal modo, repentinamente se dio factura que época igual que sus captores, llena de odio y venganza, e que si quería existir, tenia que persona fiel uno sus principios, que aún encadenada a un árbol, todavía tenia suficiente libertad para determinar quien quería humano. Ingrid se dio cuenta que en media del pánico y el bloqueo mental si iba a los principios actuaba acertadamente. Solo viviendo bajo principios podía haber libre.
2. La guerrilla tenía planificado quebrar emocionalmente a cada uno y la necesidad humana de los cautivos de unirse, por eso difundía rencor, envidia, chismes, Ingrid se dio factura que debía preservar la unidad para sobrevivir. Unidad es lo que sostiene al débil y da sentido al fuerte.
3. Aprender a Desarrollar la Fe: Uno de sus compañeros secuestrados, planificando su fuga, consultó a Ingrid (master en fuga) "Si estoy en la selva dando vueltas y vueltas y no encuentro la salida ¿qué hago?" ella le dijo "toma un teléfono y llamas al de arriba" él contestó, "tu sabes que no creo en Dios", Ingrid contesto, "A Dios no le importa igual te va asistir".
17 días después atravesado tele, Pincho dio su declaración en radio, Ingrid hice lo que me dijiste, llamé al de arriba y me salvó Así como el temor es contagioso, la religión también lo es.
Para reflexionar: ¿Tu temor es contagioso u tu religión es contagiosa?
Julio César Acuña, Quito Ecuador.